martes, marzo 30, 2010

Pofesión y oficio


Hay veces en la vida que una simplemente se da cuenta de la realidad:
Tal vez no sé escribir canciones, pero creo que sé escribir algo bien
Puedo dar muchas explicaciones y hablar de verdades, pero siempre sabré que me falta mucho por aprender
A mucha gente tal vez no le interese saber cuantos pétalos tienen las flores de los cerezos que visten en estos momentos las banquetas de las calles por las que ando, pero habrá alguien que me pregunte no sólo el número de pétalos sino cuantas abejas se paran en cada flor
Tal vez no se como mantenerme en un equilibrio perfecto, estar siempre bien o aparentarlo...pero se muy bien que cuando subo tengo que bajar, y cuando bajo..habrá algún momento en el que tenga que subir
No conozco nombres de famosos, ni de poetas, ni de escritores, ni de hombres/mujeres históricos...pero reconozco que cuando una calle tiene el nombre de una persona, tiene que ser porque fue (o sigue siendo) alguien importante
Tomé clases de pintura un tiempo, y dibujé sandías y flores, jarrones y hasta pájaros...pero ahora no me interesa pintar sino solo colores, tal vez el cielo, quizás el alma...y seguiré siendo artista hasta que pueda pintar algo que verdaderamente quiera y pueda considerarme -yo misma- profesionista de mis sueños
Muchas veces he ido a conciertos en los que no conozco al artista, o las canciones, y quizá solo se la tonada...pero después de eso el nombre del artista y las canciones que cantó no se me olvidan, y me pica el gusanito del conocimiento que tiene hambre y mi cerebro y está desapareciendo...así que tengo que darle algo nuevo a aprender para que coma
Que no me pueden escribir canciones, pero me pueden decir "eres canción hecha mujer"

Pero al final, una se da cuenta de que sirve para amar, mas no para ser amada (al menos, no por alguien que no sea su papá)...y una tiene que conformarse a saber que es y tendrá que ser para toda su vida, simplemente una Ave de Paso...una flor nocturna más

Gracias a los hombres que me enseñaron esta maldita profesión que me tocará vivir:
Alex
Kike
Ulil
Izmir
Jairo

"Uno no siempre hace lo que quiere
pero también tiene derecho de elegir lo que no quiere
"
...sin embargo, hay gente que simplemente te atrapa en ser lo que no quieres ser, por eso debes alejarte de ella...

sábado, marzo 27, 2010

La Primavera subió al camión donde yo iba


Llevaba cara de niña
y flores en sus manos,
vestía rosa y blanco
y en su carreola capullos.

Supe que era la primavera por su sonrisa,
por sus ojitos,
y sus botas de cuero.

Traía puesto un vestido que,
aunque opaco,
la llenaba de colores.

Y sus coletas,
su cabello estaba atado en coletas
que parecían antenas,
como si mariposas gordas
salieran de su cabeza.

Y no sólo eso,
su sonrisita de dientes de leche
hacía el blanco perfecto
en contraste
con su piel oscura.

lunes, febrero 01, 2010

Quiero oír el ruido de los vochos en la calle


Me hace falta no poder dormir por el ruido de las fiestas hasta las 4am, o escuchar ya tempranito, a las 6 de la mañana, el ruido de los motores de los camiones, los claxons en las avenidas, los helicópteros rutinarios y los aviones que vuelan bajo e interrumpen las llamadas telefónicas.
Salir a la calle y escuchar ruido: de la gente, de los perros atrapados en las azoteas de las casas, del humo de los coches haciendo su propio concierto en el aire; llegar de pronto a una esquina y ver el mercado y que me atrapen con los gritos "llévele marchanta, pasele pásele güerita" y hartarme de que los albañiles griten piropos y/o chiflen cuando paso por alguna construcción.
Darme cuenta de como avanza la rutina del día para todos: escuela, trabajo, los que regresan de las discos, tráfico; a eso de las 10 u 11 no ver coche alguno zurcando por las avenidas el tiempo en que ya todos despiertan y están en sus actividades; de regreso a la salida del colegio y del trabajo, dependiendo la escuela, entre las 13 y las 15 se hacen las filas de coches afuera de las escuelas, el tráfico para llegar a recoger a sus hijos se acumula por los que salen del trabajo a comer.
Extraño ver los letreros en papel y las faltas de ortografía, o los anuncios absurdos de: "Se pintan casas a domicilo", "limpiesa de zumideros", y reírme de cuando junto a un muro blanco que tiene impreso "prohibido fijar publicidad" han pegado un cartel de un concierto.
Ah como me hace falta mi México, respirar el calor de la gente por las calles, contagiarme de las risas y sonrisas que te encuentras en cada changarro, los mejores puestos de tacos: los que están sucios, en la calle, con banquitos a su barra de aluminio o las sillas de coca-cola, los platos envueltos en una bolsa de plástico desechable y las salsas que nomás de verlas te lloran los ojos. Caminar por el centro los domingos, cuando lo cerraban, y ver padres con sus hijos en bici, o la bola de amigos que no teniendo nada mejor que hacer optaron recorrer todo el Paseo de Montejo en bici hasta llegar al Daniel Ayala a un concierto de tributo a los Beatles. Y ver los puestesitos de artesanías, las vasijas de barro, las camisas y blusas de manta, los pintores en aerosol, los hippies y sus múltiples accesorios hechos a manos, los chavos que queriendo empezar una empresa hacen sus camisetas con la impresión que preferas; los grupos de reagge, de vez en cuando de metal, las batucadas, frente a la Catedral. Las fuentes y los camellones adornados y rodeados de gente que ni caso les hace, los confidentes que adornan toda la avenida con ese blanco que le da el título a la ciudad...

Me hace falta mi México chingao !

miércoles, enero 20, 2010

El placer de sus dedos probando cada superficie de mi cuerpo

Nunca habrá hombre al que le dé lo que le dí a él, el deseo en los asientos del coche, las escapadas de clase para vernos mientras calificaba examenes, sus manos jugando debajo de mi falda del uniforme de cuadros rojos, esa magia de sus dedos que pasaban tan de pronto debajo de la blusa hasta humedecer el rincón más oscuro de mi cuerpo.
Empezó todo como un juego, con un beso arrebatado, éramos dos niños: yo a mis 16 y él sus 30 recién cumplidos, teníamos la edad adecuada: él la experiencia y yo el misterio, la inocencia.

Poco a poco fui cayendo en su juego, con sus palabras, con su sonrisa, con su mirada; no supe el instante en el que me atrapó con un beso en su coche, nunca olvidaré aquella noche. Después en mi casa, me traía de la escuela y mi papá llegaba tarde de trabajar, su esposa estaba en la escuela con sus hijos, ahí en la sala de estar de mi casa fue su segunda vez.
Luego se volvieron más seguidas las visitas, más cercanos los momentos, más deseosos nuestros cuerpos, hasta que un día llegamos de la cocina a mi cuarto y me detuve frente a la cama, ahí nos detuvimos los dos.

La vez que regresé fue la prmera y pasamos de los labios a las manos y de ellas a la ropa en el piso, y sentia su lengua explorando todos los rincones de mi cuerpo, y bajaba de mis pechos por mi ombligo hasta llegar por debajo de mi cadera y quedarse entretenido entre mis piernas, el primer sabor extraño.
Comenzó a llamarme güerita, y yo lo dejé sin apodo, era el hombre que me despertaba el sábado en la mañana cuando no había nadie en casa, y aún dormida me dejaba recostarme y él era el que me quitaba mis pijamas, etre risas y sexo, o me cargaba cuando lo abrazaba con mis piernas en el sillón azul de mi sala.
Unas visitas eran rápidas, otras no tanto. Mi madre empezó a sospechar hasta después del año y medio que ya nos conocíamos placeres, gustos, olores, sabores, con alcohol encima, con aliento fresco, recién salida de bañar, sudado llegando de ensayar, con olor a madrugada, recién desayunada; fue aquella vez antes de mi clase de francés, él ya se había divorciado y no había tanto problema, el cuartito en el que se mudó a vivir delimitaba su privacidad, el problema fue mi presencia cuando se echó su loción, ésa que me excitaba cuando la sentía por los pasillos de la escuela, para el sucedía lo mismo cuando se despedía de mí y me abrazaba fuerte frente a la sala de maestros, y susurraba ésas palabras a mi oído.

Ojos claros, labios rosas. La distancia apagó el fuego, no antes de cumplir mi último deseo: una noche.
Mi mamá etaba de viaje visitando a mi papá y yo tenía el lunes libre de clase. Llegó a las 10 y no esperamos para ir a mi cuarto, me quité los lentes y el los suyos, y comenzó nuestro juego. Y por primera vez me esperó, y pudimos disfrutarnos casi dos horas, a pesar de su yeso; el sudor derretía nuestros cuerpos y el reloj no se detuvo hast que un grito al unísono de nuestras voces paró a nuestros cuerpos. Un baño, su yeso fuera y mi mano en el jabón por su cuerpo, un plato de cereal, una noche frustrada: hundidos los dos en el intento de sueño a pesar de su dolor corporal. La alarma sonó a las 5am, las ganas de un ratito más, las ganas de nuestros cuerpos desnudos una última vez más, sus manos bajo mi ropa interior, un beso de despedida: "no sospechará nada ? Nah, le diré que estuve ensayando".

De pronto la ausencia, rumores en el colegio "maestros de secundaria, cuídense de las chavas de prepa", de nuevo viajó mi madre, la hice e chofer un jueves por la noche, nos quedamos platicando hasta las tres; no hubo sexo ni sudor, solo charla. Y después de eso ya no fui más su lolita, ni él mi placer.
Dije adiós a los ojos verdes tras las gafas, la barba de candado y mi noche antes de mi luna de miel en Grecia con él. Y nos dijimos adiós.

Nunca habrá nadie como él, ni aquél lobo que haciéndome pasar por caperucita se hizo pasar él por debajo de mis piernas...ningún hombre será como aquél con el que el placer nació y la pasión se volvió el deseo prohibido de ser descubiertos, tal vez una demanda y a él el titulo de pederasta.
Aunque los dos estuvimos de acuerdo, desde los 16 hasta antes de los 18, nuestros deseos se dejaron volver placer; llegando la mayoría de edad ya nada estaba prohibido, y ahí se perdió el interés.

Hasta nunca Paul McCartney